Mi sueño….
Resulta que estaba con el Natas afuera, en su carro, a punto de irnos, pero se me antojó una coca, entonces fui a la tienda a comprarla, sin embargo, en lugar de una coca compré una caguama de las Sol brava, que además de que, en mi sueño, no necesitaba llevar el envase, tenía, como sigue teniendo, más producto. Estaba a punto de pagar la caguama cuando se acercó un guey de unos treinta años, con una chamarra de mezclilla que le pedía al dependiente de la tienda que le regalara un refresco, a lo que, obviamente, el de la tienda le dijo que ahí no regalaban cosas, que las vendían, se lo dijo con una sonrisa amable en la boca, tomando a broma la petición del individuo, de repente sacó un arma y le pidió toda la lana, entonces yo me di cuenta, eso era un asalto y en el instante en que me disponía a salir huyendo del lugar, vi una camioneta con, por lo menos seis gueyes más que estaban no con la actitud de quien va a cometer un ilícito, sino como quien está echando desmadre, pero cuando me alejé su actitud también cambió.
Comencé a correr hacia coyoacancito y donde está la antigua casa de Gómez Farias, era, en mi sueño, una casa en reparación, con un gran jardín y muchos obreros trabajando en ella. Como yo tenía mi celular, marqué al 060 y le dije a la operadora que me querían asaltar, puesto que los maleantes, en su camioneta, no podían dejar vivo, supuse, al testigo presencial del asalto (chale, eso yo lo he visto en muchas películas), mientras me adentraba en la casa en reparación, vi a Regina, la auditora de calidad de la empresa, que estaba, creo, auditando el proceso de reconstrucción del recinto, y yo le decía que me tenía que esconder, por que mi vida corría peligro.
Desde el escondite que escogí, un cuarto derruido, sin ventanas y sin una parte del techo, veía la entrada en espera de que llegaran los maleantes, que, una vez que llegaron, comenzaron la búsqueda.
Cuando creí que todo estaba perdido (esta frase y el desenlace que seguramente ya vislumbraron, también la vi en muchas películas), llegó la policía, cuando menos en mi sueño fue bastante agradable, por que esta vez no iban para detenerme por ingerir bebidas alcohólicas en la vía pública, y detuvieron al malhechor y a punta de madrazos lo subieron a la patrulla, y al poco, un chingo de patrullas, helicópteros, bueno, no, singular, por que nomás era un helicóptero, pero eso sí, con la luz prendida, esa luz que sirve para seguir a los sospechosos en la oscuridad nocturna, y un chingo, y eso quiero decir, un chingo de patrullas haciendo un gran despliegue digno de película chafa, bajando de las greñas a los seis cabrones de la camioneta, que quizá eran cuatro gueyes y dos viejas, pero, ah pinches viejas cómo la hacían de a pedo, como buenas viejas, llorando y diciendo que ya estuvo, que no era enserio, pero de todos modos se la pelaron por que a todos los subieron a las patrullas.
Total, que una vez que salí me comenzaron a hacer preguntas de cómo fue el pedo y pues regresamos a la tienda donde había sido el atraco.
No sé por qué, pero de repente ya había de por medio una recompensa, que además ya me estaba saboreando, pero que al final, todo indicaba que se la iba a chingar el dependiente de la tienda ¡pinche gordo culero! Yo que había hecho todo y ese guey se iba a llevar el varo, pero bueno, en eso estábamos cuando pasó lo más cabrón… me desperté.
Resulta que estaba con el Natas afuera, en su carro, a punto de irnos, pero se me antojó una coca, entonces fui a la tienda a comprarla, sin embargo, en lugar de una coca compré una caguama de las Sol brava, que además de que, en mi sueño, no necesitaba llevar el envase, tenía, como sigue teniendo, más producto. Estaba a punto de pagar la caguama cuando se acercó un guey de unos treinta años, con una chamarra de mezclilla que le pedía al dependiente de la tienda que le regalara un refresco, a lo que, obviamente, el de la tienda le dijo que ahí no regalaban cosas, que las vendían, se lo dijo con una sonrisa amable en la boca, tomando a broma la petición del individuo, de repente sacó un arma y le pidió toda la lana, entonces yo me di cuenta, eso era un asalto y en el instante en que me disponía a salir huyendo del lugar, vi una camioneta con, por lo menos seis gueyes más que estaban no con la actitud de quien va a cometer un ilícito, sino como quien está echando desmadre, pero cuando me alejé su actitud también cambió.
Comencé a correr hacia coyoacancito y donde está la antigua casa de Gómez Farias, era, en mi sueño, una casa en reparación, con un gran jardín y muchos obreros trabajando en ella. Como yo tenía mi celular, marqué al 060 y le dije a la operadora que me querían asaltar, puesto que los maleantes, en su camioneta, no podían dejar vivo, supuse, al testigo presencial del asalto (chale, eso yo lo he visto en muchas películas), mientras me adentraba en la casa en reparación, vi a Regina, la auditora de calidad de la empresa, que estaba, creo, auditando el proceso de reconstrucción del recinto, y yo le decía que me tenía que esconder, por que mi vida corría peligro.
Desde el escondite que escogí, un cuarto derruido, sin ventanas y sin una parte del techo, veía la entrada en espera de que llegaran los maleantes, que, una vez que llegaron, comenzaron la búsqueda.
Cuando creí que todo estaba perdido (esta frase y el desenlace que seguramente ya vislumbraron, también la vi en muchas películas), llegó la policía, cuando menos en mi sueño fue bastante agradable, por que esta vez no iban para detenerme por ingerir bebidas alcohólicas en la vía pública, y detuvieron al malhechor y a punta de madrazos lo subieron a la patrulla, y al poco, un chingo de patrullas, helicópteros, bueno, no, singular, por que nomás era un helicóptero, pero eso sí, con la luz prendida, esa luz que sirve para seguir a los sospechosos en la oscuridad nocturna, y un chingo, y eso quiero decir, un chingo de patrullas haciendo un gran despliegue digno de película chafa, bajando de las greñas a los seis cabrones de la camioneta, que quizá eran cuatro gueyes y dos viejas, pero, ah pinches viejas cómo la hacían de a pedo, como buenas viejas, llorando y diciendo que ya estuvo, que no era enserio, pero de todos modos se la pelaron por que a todos los subieron a las patrullas.
Total, que una vez que salí me comenzaron a hacer preguntas de cómo fue el pedo y pues regresamos a la tienda donde había sido el atraco.
No sé por qué, pero de repente ya había de por medio una recompensa, que además ya me estaba saboreando, pero que al final, todo indicaba que se la iba a chingar el dependiente de la tienda ¡pinche gordo culero! Yo que había hecho todo y ese guey se iba a llevar el varo, pero bueno, en eso estábamos cuando pasó lo más cabrón… me desperté.


