Lo que me faltaba...
Hoy, otra vez, llegué tarde, bueno, no, la neta es que llegue ¡tardisimo! pero dejen les cuento como estuvo el pedo...
Ayer llegue a las 9:02 (ósea tarde) por lo que decidí que no me volvería a pasar, no me puedo permitir el lujo de quemar el último cartucho que me queda, por lo que hoy me levanté más temprano, me ¿arreglé? en chinga y salí a las 6:30 de mi casa, ¡6:30 no mames!, como podrán suponer tenía la intención de echar una jeta en el camino, que equivale a por lo menos hora y media de jeta en el transporte público, y casi fue así, por que en la combi que me subí sí me jetíe, y no sólo la media hora que es generalmente el tiempo de recorrido de la casa al metro, sino 45 minutotes, que por principio de cuentas, ya era un paro, y no había bronca, por que aún llevaba 15 minutos de ventaja, recuerden que salí 30 minutos antes, pero cuando llegué a la estación La paz de la línea férrea comenzó el desmadre, por que estaba hasta la madre de gente y al parecer no estaban circulando chido los metros, por que, insisto, había un chingo de gente. Me trepé al primero que llegó y, obviamente, ni madres que alcancé lugar y pus ni pedo, a sacrificar los 40 minutos que se supone es el tiempo estimado de recorrido, que al final fue de una hora y cuarto, 75 minutos de apretones, pisotones, dos intentos de tirarme los lentes y un costilla madreada, por que me apretaron contra uno de los tubos del vagón y un pendejo no se quitaba para que yo me pudiera acomodar chido.
Al final, en la otra línea (la nueve) había dos metros a punto de salir, y me subí en el que, según la flecha que prende y apaga indicaba qué iba a salir, me tuve que subir a huevo, por que también ya estaba hasta la madre.
Pinche metro iba párese y párese y yo, obviamente, ya iba mentando madres, por que ya era tarde, además me estaba cayendo de sueño y otra vez me estaban aplastando. En una de esas, se tardó un chingo en la estación Jamaica, y yo, del sueño que traía, me estaba quedando jetón hasta que, en un cabezazo involuntario, me dí en la frente con la puerta del vagón, medio desperté y seguí ahí, aguantando vara a ver a qué pinche hora avanzaba esa chingadera.
Total, llegué 9:30 a la oficina, ya ni siquiera quería llegar, pero iba resuelto a que, a la primer mención de no dejarme entrar, no iba a alegar ni a pedir clemencia para que me dieran chance, me iba a retachar a mi cantón sin más ni más.
Pero no fue así, me recibieron con una sonrisa y un "pásale... ¿está cabrón verdad?" Y bueno, pues a chingarle.
Después de un café bien cargado y antes de las 11:00 ya estaba hasta la madre, pero más bien ya venía así.


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