Ah que la mota...
Últimamente he leído en varios blog's que sus creadores son consumidores de mota... y entonces me dije, a ver, ya que estás que no sabes ni qué chingados escribir, porque, dicho sea de paso, aunque sí hay de qué escribir, la neta es que no tengo ganas de hacerlo, no quiero alargar mi ya de por si grande lista de sufrimientos, pero bueno, el tema era la mota ¿no?
Mi primer contacto con esta hierbita que te hace la vida muy feliz fue ya hace unos cuantos añitos, empecé tarde, lo sé, pero aún así estuvo bien chido; fue en el gris mi primera vez, ya ven que el humo de la mota no es tan irritante como el del tabaco, y en ese entonces me habré chingado la mitad de un churrito, pero fue más que suficiente.
El tiempo comenzó a avanzar leeeeeento leeeeeeeento, y yo veía las cosas más comunes y corrientes y me detenía mucho tiempo en cada una de ellas, las luces, las ventanas, y cuando quería mover alguna parte de mi cuerpo, este no me respondía, tenía que concentrarme y avanzar por pasos, algo así como: a ver, tengo mano, si, si tengo mano, está debajo de mi pierna izquierda, tengo que moverla; entonces volteaba hacia abajo para comprobar que efectivamente hubiera una mano debajo de mi pierna izquierda y que además fuera mía, una vez comprobado, la miraba fijamente y entonces la movía.
De repente comenzó, tun tun pummm paz... tun tun pummmm paz, "here is a song / from the wrong side of town / where I'm bound / to the ground / by the loneliest sound / that pounds from whitin / and is pinning me down...
Comenzó a retumbarme la cabeza de un lado para otro sin poderlo evitar, era increíble todo lo que me hacía sentir esa rola, que además, por fortuna duró siglos y siglos... y yo, extasiado y feliz.
Siguieron, por supuesto más rolas, y las imagenes en mi cabeza surgían de la nada y yo entré en un loop interminable, porque justo en ese momento me di cuenta que había estado pensando en algo, el problema era que no sabía en qué, entonces caía en la cuenta de que estaba tratando de recordar lo que estaba pensando, para darme cuenta, al final, de que me pasé mucho tiempo dándome cuenta de que había pensado algo que no recordaba qué era y que traté, infructuosamente, de recordar.
Ya no me acuerdo cómo terminé aquella vez, ni cuanto tiempo estuvimos en el mismo lugar, lo que sí es que no podría negarme a probar, como lo he hecho, cada vez que se presenta la oportunidad.
Ahí luego les cuento como han estado otras ocasiones.


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